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Viaje en moto al Océano Pacífico – del miércoles 12 al lunes 17 de enero de 2011 – Andrés, Cristian y Rubén.

jueves, 03 de febrero del 2011 a las 06:28
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Eran las 02:35 am cuando terminé con todos los preparativos para el viaje y darme un merecido descanso  antes de la aventura que pensaba emprender en pocas horas más. Programo la alarma de mi celular para las 07:30 am, me persigno y vuelco mi cabeza sobre la esponjosa almohada y el mullido colchón que seguramente extrañaré por varias jornadas. A la memoria me vino la conversación que mantuve con una señora unos días atrás y que fuera a sacar fotocopias a mi casa:

−¡Qué suerte que tuvo doña! porque estaba cerrado el negocio y en este preciso momento llego de Rodeo del Medio. Me fui en mi moto a pedirle la bendición al sucesor de Don Bosco que visitaba la comunidad salesiana de Mendoza.

La mujer abrió ostensiblemente los ojos, y aunque no me tenía mucha confianza exclamó:

−¿¡A Rodeo del Medio en moto!? ¡Vos estás loco!

La localidad de Rodeo del Medio se encuentra a unos 35 km de distancia de mi pueblo. Y en menos de cinco horas planeaba salir del país en esa misma moto, cruzar la cordillera de Los Andes y llegar hasta la costa pacífica de Chile. Espero que esa señora jamás se entere de mis nuevas andanzas.

En mi cama recordaba aquel episodio y picarescamente sonreía solo. Cerré los ojos con la esperanza de abrirlos al amanecer de un nuevo y excitante día. Pero de repente el techo de mi habitación comenzó a estremecerse, y por la ventana ingresaban sonidos bastantes molestos: ¡Crashhh! ¡Bommmm! ¡Banggg!  Definitivamente no eran los paladines de la justicia Batman y Robin, mucho menos Roxette, tampoco la rokcola de mi amable vecino de enfrente. Eran los obreros municipales que llegaban a instalar el escenario para la elección de la reina de la vendimia distrital al lado de mi casa. −¡Justo esta noche tenía que ser! Y sí, así es la vida. Y me quedé escuchando la canción de Roxette interpretada con palas y martillos por los empleados municipales hasta que por fin me dormí.

EL VIAJE

DÍA PRIMERO

El día amaneció totalmente despejado y con una temperatura por demás agradable.  Junto a la puerta estaba la nave esperando mi ok sobre su botón de encendido.  Hasta ese momento la empresa había sido un secreto sigilosamente guardado. Pero llegaba el paso decisivo de darlo a conocer públicamente, de hacerme cargo de mis propósitos asumidos. Descubrí que todavía estaba a tiempo de arrepentirme, miles de pretextos podría inventar para dar marcha atrás a este audaz proyecto. Pero no, mi corazón ansiaba este salto. Abrí la puerta de mi casa y los voluminosos bultos sobre la parte trasera del asiento de la máquina, junto con los bidones para el combustible salieron a la luz, atrayendo las curiosas miradas de los casuales transeúntes de mi vecindad. Abracé fuertemente a mi viejita, le di un ruidoso beso y el escape bramó resueltamente. Brinqué sobre mi caballo y me fui en búsqueda de mis compañeros, ellos también jinetes como yo de sus propios destinos: Andrés (un excelente amigo conocido hace medio año) con su Zanella 125; y su hijo Cristian (que no conocía hasta entonces) en su Zanella 250.

El punto de reunión (me avisaron) sería el puente del Predio de la Virgen en la intersección del Acceso Este y el Acceso Sur. ¡Qué alegría cuando me dijeron! Sobre ese mismo puente se erigió el altar donde Juan Pablo II ofició la misa en su visita por la Argentina hacen 23 años atrás ¡yo estuve ahí presente!

Nos sacamos un par de fotos con Andrés hasta que llegó Cristian, nos presentamos y enfilamos las máquinas hacia la mole rocosa. A escasos tres km. nos detuvo gendarmería en un operativo, pero todo estaba en óptimas condiciones, y uno de los oficiales se sorprendió al escuchar el objetivo final.

Llegamos hasta la aduana chilena sin mayores sobresaltos, salvo el túnel que antecede al mayor de Las Cuevas (túnel Cristo Redentor con 3 km. de longitud) donde categóricamente no sabíamos donde estaba el centro del camino y la pared lateral derecha, con camiones de frente que encendían la luz alta para sortear la densa oscuridad reinante.

En la aduana chilena llenamos los formularios de ingreso al país hermano de Chile, pagamos el peaje (en argentina las motos no pagan) y surgieron los primeros inconvenientes. Cuando coloco primera, siento que la palanca de embrague topa contra el puño: se me había cortado el cable. ¡Qué mala pata! Compré unos cables de repuesto pero no los llevaba. Mientras tanto a mis compañeros les revisaban minuciosamente los equipajes y un polizonte quedó al descubierto: un aromático y sabroso melón blanco. Como Andrés se olvidó de mencionarlo en la declaración jurada, se lo incautaron y le abrieron una causa. De esa manera ingresábamos al vecino país, y para colmo de males, en el deseo de partir pronto del lugar, en un descuido perdí el guante derecho del par que recién estrenaba. 

Cada tanto debíamos detenernos ya que el camino estaba interrumpido en tramos por los trabajos de vialidad sobre la calzada. Arrancar de nuevo era para mi una tortura, pero para los demás viajeros motivo de gracia, ya que debía empujar la moto con un pequeño trote (al estilo Pedro Picapiedras ) y con el motor en marcha poner el cambio. En esas circunstancias, sin embrague, tuve que bajar los famosos y temibles Caracoles del lado Chileno.

Nos alojamos en el primer Camping que avistamos, porque ya la noche se insinuaba entre las altas cumbres. Fuimos a comprar alimentos y a preguntar por algún taller pero recién hasta Los Andes no había ninguno. Nos instalamos e inmediatamente nos dedicamos al embrague. Se me ocurrió preguntarle al encargado del camping si por esas casualidades de la vida no tenía un cable de freno de bicicleta, pero oscilando su cabeza de un lado hacia el otro me indicó que “no”. A los cinco minutos volvía con una pequeña pieza en la palma de su mano:

− Amigos, cable de bicicleta no tengo pero encontré esto ¿les servirá?

¡Era justamente lo que necesitábamos! un prisionero todo oxidado pero reutilizable. Al final el embrague quedó mejor que antes ya que podía poner punto muerto con el motor en marcha. ¡Prueba superada!

DÍA SEGUNDO

Apenas abrimos los cierres de las carpas fuimos asaltados por una horda hambrienta de tábanos. Fuera de este asedio la mañana se presentaba fantástica. Desayunamos obviamente a la argentina con mate y galletitas con picadillo. A continuación vendría el debate para escoger el destino, ya que siempre hablamos de llegar a la costa pacífica, pero jamás especificamos el lugar exacto. Andrés se inclinaba por Viña del Mar que ya conocía, Cristian prefería visitar Valparaíso, y yo deseaba conocer la ciudad de Reñaca. En ese preciso instante descubrimos la extensa variedad de alternativas que ofrecía la costa chilena, y también que sobre gustos no hay nada escrito. Entonces, tomando la palabra exclamé:

−¿Y si sacamos los mapas para estudiar mejor los trayectos?

−¿Qué mapas? –me contestaron los dos a una sola voz.

−¿Vos trajiste mapas?

−No, yo tampoco  –les respondí.

Inmediatamente me di cuenta que estaba con los míos… con gente de mi palo. Habíamos transitado la mitad del camino sin mapas ni GPS, y así lo seguiríamos haciendo durante toda la travesía. En un país extranjero y en donde el cambio monetario no nos convenía. Mis dos camaradas: Andrés con su moto argentina 125 cc. que si sufría algún desperfecto  no se podían conseguir los repuestos en este lado de la cordillera. Cristian, que nunca había salido de la Argentina, también en su moto nacional. Y mi máquina modelo 87’ no brindaba muchas seguridades que digamos. Otro condicionamiento fue no contar con señal telefónica en los celulares a partir de Las Cuevas, totalmente incomunicados con el mundo y entre nosotros, lo que obligaba a mantenernos siempre juntos porque si alguno se perdía de vista sería muy dificultoso el reencuentro.

Definitivamente estaba con la clase de gente que yo buscaba hace mucho tiempo. Con personas que no se intimidan ante los desafíos, ni se quedan esperando tiempos mejores para cumplir sus deseos. ¡Hoy era el día! Y lo estábamos viviendo en cuerpo y alma.

Por el costado nos pasaban velozmente motocicletas de hasta 1.000 cc. “0” km. , con maletas de aluminio, GPS, notebooks con Wi-fe, teléfonos satelitales, cascos rebatibles, tarjetas Visa y Mastercard. En cambio por delante, en su Zanella 125 mi amigo cruzaba pausada pero firmemente las mismas cumbres colosales de Los Andes tapado por otra montaña de bolsos en su asiento trasero. Sí, me dije, definitivamente estaba con los míos… y con ellos me animaba a recorrer todos los caminos.

Los últimos 10 km. hasta llegar a Viña fueron interminables, quizás por el gran entusiasmo de cumplir con nuestra meta y también de presenciar el majestuoso océano Pacífico. Algunos automovilistas hacían sonar sus bocinas como en señal de reconocimiento por la hazaña. Otros obreros a la vera del camino nos agitaban los brazos eufóricamente como si en sus manos portaran banderas a cuadros marcando el final de la carrera. En esos instantes el Rally Dakar cruzaba la cordillera desde Chile hacia la Argentina captando toda la atención mundial, mientras que nosotros hacíamos el camino pero en sentido totalmente inverso. Ningún medio de comunicación transmitía nuestra carrera, pero eso no nos preocupaba en absoluto: habíamos decidido ser nuestros propios protagonistas y público, dejando atrás la cómoda butaca de espectadores. El premio fue mucho mayor que el anchuroso Mar que se abría ante nuestros extasiados ojos.

Estacionamos las mulas frente a la plaza principal de Viña, fuimos a cambiar pesos argentinos por chilenos, y luego a Secretaría de Turismo para preguntar por algún lugar en donde instalar el campamento. Pero ¡oh sorpresa! En 70 km. a la redonda no existía un solo camping en donde fijar residencia. El único más cercano se hallaba a 71 km. hacia el norte siguiendo la ruta de la costa. Y hacia allá partimos con nuestras mulas cargadas de enseres por las avenidas bacanas de Viña del Mar.

DIA TERCERO

No fue sencillo encontrar el camping de La Ventana que nos recomendaron en Secretaría de Turismo. Mucho menos fue el acceso hasta él, y hasta un auto tuvimos que auxiliar porque se hallaba enterrado en la arena. Pero ya estábamos instalados en el hermoso camping de El Tebo con vista y acceso al mar, perteneciente a las serviciales y simpáticas hermanas Pavez. Muy temprano por la mañana fuimos a saludar y explorar la playa tan anhelada. La costa totalmente deshabitada por la hora nos brindaba un espectáculo exclusivo de su belleza natural.

Nos sentíamos cazadores de tesoros frente a una caracola u otro animal acuático. Por varios minutos podíamos observar un ejemplar completamente arrobados, y cinco metros más allá toparnos con cientos de ellos debajo de una roca.

La mañana se nos escapó inadvertidamente, contemplando aquel fantástico cuadro marítimo donde la vida se mostraba rozagante, imponente, y nosotros dentro de la pintura formando parte de su paisaje.

Una estrella de mar se asomó tímida por la grieta de una roca. Como un niño salté y fui en su búsqueda. Mi amigo Andrés me dijo que sería imposible desprenderla porque se adhieren tenazmente a la superficie. Tenía razón, pero mi insolencia y tozudez hicieron que la estrella habitara por unos segundos el hueco de mi mano.  Después de observarla detenidamente la devolví a su espacio habitual, nadie se animó a darle muerte a este hermoso animalito de la creación por el sencillo gusto de llevarse un trofeo de recuerdo. Esa estrella seguirá habitando allí, aferrada al eterno azul cielo del mar, esperando otras manos que quieran atraparla y experimentar en la propia piel la dicha de acariciar los anhelos más hondos del alma. Sí, atrapamos nuestra Estrella, ya podíamos Volver contentos a Casa.

Regresamos  al campamento para el medio día y me tocó “cocinar” en esa oportunidad, asique saqué mis latitas de picadillo, junto con los sobres de sopa y puré instantáneos para el deleite de mis compañeros que “harto” felices estaban con mis artes culinarias. Luego del suculento banquete reparamos el estribo izquierdo de la moto de Cristian que zigzagueaba sobre un frágil bulón.

Conocimos a Pilar y a su hija Daniela, dos nuevas amigas con quienes compartiríamos prácticamente el resto de la estadía en El Tebo. Nos llevaron a conocer la localidad pesquera y hippie de Horcones y después nos trasladamos –en nuestras motos− hasta la playa de La Ventana donde presenciamos un majestuoso atardecer. Gentilmente nos invitaron luego a un “carrete” para disfrutar con amigos por la noche. Allí conocimos a Michael, Elías, Juan y Kristal.

DIA CUARTO

Fue difícil afrontar la decisión de separarnos de nuestras naves y tomar un “bus” hasta Viña del Mar. Pero más complicado fue convencer a mis compañeros de que necesitábamos darnos un buen baño antes de partir hacia esa turística ciudad. Sin embargo nos duchamos y marchamos con la grata compañía de Daniela que curiosamente no conocía ese lugar.

Viña del Mar es una inmensa urbe que al parecer no duerme nunca. Con sus coloridas avenidas y artistas ambulantes que pululan por todas partes para el deleite de los circunstanciales transeúntes. Me pareció un lugar ideal para veranear especialmente con la familia. Ingresé por un instante a la emblemática Iglesia de la Virgen de los Dolores donde fuera bautizado el padre San Alberto Hurtado y luego partimos hacia la playa.

Recorrimos varios kilómetros, extasiados por el espectáculo que brindaba la naturaleza y la multitud agolpada frente a las juguetonas olas marinas. Sombrillas, pelotas y toallones multicolores daban un pintoresco plus a las estimuladas pupilas. Conocimos desde el exterior  algunos lugares característicos como el antiguo castillo de Wulff, y muy cerca de él, el moderno hotel Sheraton.

Retornamos a la plaza principal para tomar el bus que nos reuniría nuevamente con nuestras máquinas que ya se extrañaban demasiado. En camino, un personaje casual nos hizo perder un poco la paciencia. Un joven borracho que en una brusca maniobra del bus volcó el contenido de su botella sobre el brazo de Cristian y la suela de mi chancleta. De ahí en más se pondría bastante cargoso el señorito. Los envases de sus cervezas vacías rebotaban por todo el vehículo para el fastidio de los pasajeros. Y como si esto fuera poco solicitó al chofer que frenara por un instante para evacuar su vejiga. Sí, increíblemente el bus se detuvo para que el mocito hiciera pipí al lado de la rueda delantera mientras todos lo esperábamos sobre el transporte.

Cuando llegamos a La Ventana ya entrada la noche, Pilar y  Juan Carlos nos esperaban en su coche para llevarnos hasta el Tebo. Las naves estaban en el mismo sitio donde las dejamos, aunque se notaban bastante aburridas. Luego disfrutamos de otro carrete con nuestros simpáticos amigos chilenos.

DIA QUINTO

El domingo por la mañana y por fuerza mayor tuve que abandonar el campamento para asistir a la Iglesia de La Ventana. Llegué justo cuando comenzaba la Misa. El sacerdote al iniciar la homilía preguntó de donde eran los feligreses presentes. La mayoría lógicamente que era de Chile, de Copiapó, Melipilla, Santiago, Valparaíso, etc, etc.

–De Mendoza, Argentina… dije levantando la mano. Y el curita me replicó sorprendido desde el altar −¿De Mendoza, Argentina? Pero posteriormente se escuchó otra voz del fondo que me quitó protagonismo…

−de Caracas, Venezuela.

Y otra más:

−de Toronto, Canadá.

Metí mi mano en el bolsillo lentamente mientras me consolaba para mis adentros… ¡pero yo me vine en moto a la Misa ja ja!

Al terminar la celebración le pedí una bendición al sacerdote quien amablemente accedió y le dio un buen rocío de agua bendita a mi nave rodeada además por cuatro monjitas y dos ministros de la Eucaristía.

Fue difícil desarmar el campamento y despedirnos del lugar y de su gente que tan amablemente nos habían recibido. Pero los lazos ya quedaron para siempre y seguramente que vendrán otras ocasiones para seguir compartiendo con nuestros amigos chilenos.

Antes de abordar el camino de regreso a Casa, pasamos por el lugar más característico de la localidad. Justamente el pueblo de La Ventana se llama así por una abertura formada caprichosamente sobre una prominencia rocosa en la playa y en dirección al mar.  Marcharnos sin conocer este lugar era como ir a Viña del Mar y no visitar el reloj de flores. Sacamos un par de fotos como testimonio de que estuvimos allí y luego sí emprendimos el retorno.

DÍA SEXTO

Pasamos la noche en un camping de Los Andes y luego de desayunar (siempre a la argentina) nos encaminamos nuevamente hacia los picos más altos de América y del hemisferio sur. En la aduana, cuatro motoqueros se nos “colaron” categóricamente. Nuestras motos al lado de las suyas parecían bicicletas. Sin embargo, a pesar de la descomunal tecnología que nos separaba, de todos modos éramos felices, porque también cumplíamos nuestro objetivo sin estar en igualdad de condiciones. De reojo miraba a Andrés en su Zanella 125 y me decía… −Mi amigo con una moto de esas sería el Zorro, y yo el capitán América. Y después mirando hacia el otro costado la bandera Celeste y Blanca que nos guiñaba desde la cima del mástil diciéndonos. ¡Bienvenidos a Casa!

No sé porqué motivo pero salimos antes que los supermotoqueros del complejo aduanero de Horcones. Al rato nos pasaban de nuevo en sus naves espaciales. A cinco km de Uspallata nos encontramos con una caravana de mulas: era la expedición que todos los años recorre la ruta sanmartiniana rememorando el Cruce del Ejército de los Andes. No pude contener la emoción y me detuve al costado del camino, me saqué el casco para persignarme ante la imagen de la Virgen del Carmen que llevaban en andas. La caravana me ovacionó con un eufórico saludo ante mi gesto de devoción a la Virgencita y mi gratitud por la hazaña del más grande entre los grandes: el General San Martín. Algún día me gustaría participar de esta patriótica caravana.

Alcancé a mis compañeros en el ingreso a Uspallata, pero el tránsito estaba interrumpido por la ruidosa manifestación de ambientalistas que se oponen a la instalación de la minera “San Jorge”. ¡Qué bueno es saber que hay gente que con dignidad defiende la vida! Porque eso es precisamente el agua, el aire y la tierra.

Buscamos un lugar para comer PIZZAAA argentina y lo hallamos. A cinco metros de distancia dos motoqueros nos miraban con curiosidad y se acercaron a nuestra mesa. Eran miembros de un club internacional de motoqueros llamado LAMA. Compartimos experiencias y nos contaron que venían desde Uruguay y deseaban llegar, uno hasta Venezuela, y el otro a Miami. Nos hablaron de la seria y exigente organización de su club y los grandes lazos de fraternidad que se crean en el mundo por el sólo hecho de ser miembros de la asociación. Nos dejaron sus tarjetas, contactos vía internet y la sorprendente inquietud de crear LAMA MENDOZA… ¿porqué no?

Cargamos nafta (no gasolina) y enfrentamos el último tramo de la aventura. A escasos tres km, nuevamente el tránsito interrumpido. En este caso era un triste accidente de dos camiones que habían colisionado frontalmente. Cuando el flujo vehicular fue liberado, en la primera curva del camino veo por el espejito retrovisor que una camioneta se adelanta sin visibilidad y luego nos supera pasándonos a escasos centímetros de distancia. Acabábamos de contemplar una increíble tragedia producto seguramente de la imprudencia… ¡y este inadaptado no había memorizado la lección ni por dos minutos siquiera! Como nunca volví a pensar que en la ruta sólo debo confiar en mí mismo y en el Señor que me guía desde arriba. ¡En nadie más!

Llegamos a Casa sanos y salvos a reencontrarnos con los seres amados que angustiados habíamos dejado seis días atrás. El cuenta kilómetros marcaba 1.001 km. andados. Los bolsos ahora venían más livianos, pero el corazón rebalsaba en nuestros pechos de alegría, amistad, aprendizaje, quizás nostalgia. Acababa de despedir a mis hermanos “motoqueros” y ya los empezaba a extrañar.

Ingresando a mi pueblo de Tres Esquinas Montecaseros, pensé en aquella estrella que tomé en mis manos y también en esa “Ventana” junto al océano Pacífico. Una estrella que nunca hubiera atrapado si no me ponía algún día en camino hacia su encuentro, y una ventana que jamás hubiera abierto si el temor al fracaso aplacaba mis ansias de alcanzar el umbral de mis sueños.

Por fortuna puedo contar que un día crucé la cordillera de mis temores y limitaciones porque sabía que una estrella me esperaba al final de la huella, y que una ventana del más allá me permitiría apreciar el mundo desde una panorámica totalmente distinta… la de mis propios ojos. 

Pero esa Ventana, por un insaciable anhelo de felicidad que los hombres llevamos dentro, se cerraba y se abría caprichosamente con el deseo de salir a la caza de otras estrellas… quizás más lejanas… o quién sabe... quizás más grandes todavía.

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EL CREDO DE LOS INCRÉDULOS (del Libro "Sigue tu Estrella")

sábado, 06 de noviembre del 2010 a las 14:50

 

Creo en el dinero amo todopoderoso,

creador del hambre y de la guerra.

Y en el hedonismo su único hijo nuestro señor,

que fue concebido por obra y gracia del espíritu impuro.

Nació del orgullo y la humana flaqueza.

Padeció bajo el poder de Jesucristo.

Fue atacado, herido y derrotado.

Se confinó a las tinieblas.

Desde allí ha de venir a acechar a justos y malos.

Creo en la corrupción.

En el materialismo universal.

En las orgías y masones.

En la impiedad hacia los débiles.

En la persecución a la Iglesia,

y en gozar esta vida porque después no hay otra,

 Amén.

Ser Cristiano (del libro "Sigue tu Estrella")

jueves, 15 de abril del 2010 a las 15:49

No es tan fácil como parece ser cristiano. Lo más probable es que no lo seamos y lo peor de todo, que estemos convencidos de que sí lo somos. Es de extrañarse que por el grado de corrupción tan alto que agobia a las sociedades, sin embargo no surjan muchos mártires de la justicia en Latinoamérica. Algo para mi no anda bien. Si ya soplamos varias velitas sobre la torta y seguimos con vida tal vez no estemos celebrando al santo en realidad, o salvo que el Señor nos haya sacado del patíbulo como lo hizo con Daniel o San Juan. Me parece que algo huele muy mal por aquí y no es ciertamente sangre de cristianos. Le propongo imaginar por un instante a Sócrates sentado a la puerta de la iglesia ejercitando su técnica de la mayéutica con algunos voluntarios que llegan ocasionalmente a presenciar la Misa.

-      ¿Eres cristiano?

-      ¡Siiiiii!

-      ¿En serio? ¡Qué bien, te felicito! ¿Se han burlado de ti alguna vez por confesar en público que crees en Cristo,  que estudias, que cumples tus deberes de estado y que pregonas la castidad?

-      Emmmm, no

-      ¿Te han tratado de loco, antiguo, tonto, antisocial…

-      Emmm, no

-      …cerrado, extraño o metido, por ser coherente con tus principios e ir en contra de la corriente?

-      Emm, no

-      ¿Te han amenazado o perjudicado por denunciar injusticias cometidas a inocentes e indefensos?

-      Em, no

-      ¿Has misionado en tu casa o pueblo, alguien se convirtió de corazón a Dios y nunca más abandonó la Iglesia gracias a tu predicación principalmente por el ejemplo?

-      E, no

-      ¿Amas a tus enemigos, rezas por los que te persiguen, cumples el mandamiento del amor, estás dispuesto a dar tus bienes e incluso la vida por Cristo y tus hermanos?

-      ……..

-      ¿Eres cristiano?

-      ¿Noooo!

Más Allá

viernes, 25 de diciembre del 2009 a las 22:00

 

Si de haber andado tantos caminos persiguiendo la verdad,

me ha alcanzado la noche, el cansancio y la confusión.

La estrella amiga y testigo de mis tropiezos me ha dicho:

que en un horizonte rayano está la luz disipando mi temor.

 

Si de haber sembrado lealtad con el sudor de mi frente,

me he preguntado mil veces por la espina de la traición.

El viento amigo y testigo de mis heridas me ha dicho:

que en un surco secreto está la dicha desterrando mi dolor.

 

Si de haber llamado a tantas puertas en mis años juveniles,

me ha paralizado el modo con que despreciaran mi pasión.

La vereda amiga y testigo de mis búsquedas me ha dicho:

que en un umbral contiguo está el destino cumpliendo mi misión.

 

Si de haber brindado una palabra de aliento al hermano,

me ha sorprendido la rapidez con que se olvida el favor.

La conciencia amiga y testigo de mis sacrificios me ha dicho:

que en un libro viejo está la justicia borrando mi decepción.

 

Si de haber comprado el boleto más caro y distante,

he creído que del andén de la vida mi tren ya se marchó.

La vía amiga y testigo de mis renuncias me ha dicho:

que en una estación cercana está el amor celebrando mi valor.

 

Si de haber navegado por el mundo como a la deriva,

he presentido que a mi tempestad jamás volvería el sol.

El mar amigo y testigo de mis naufragios me ha dicho:

que en un puerto vecino están los sueños conquistando mi ilusión.

 

("Más Allá" recibió Mención de Honor en certamen nacional organizado por Biblioteca Popular “Pedro José Bustos” de la ciudad de Junín, Mendoza. 2009)

Tú no eras para mí

miércoles, 02 de diciembre del 2009 a las 06:15
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A qué infortunados oídos acudirán tus engaños

ahora que los míos se cerraron para ti.

Si la verdad no prefieres, busca quien te mienta,

que una cosa yo sabré… tú no eras para mí.

 

Si no te fueron suficientes los anhelos compartidos,

o el corazón mismo que en la mano yo te di.

Si no quieres que te quieran, busca quien te use,

que en silencio me diré… tú no eras para mí.

 

Si no proteges el mañana y lo que amas

y aún te preguntes por qué te dejé partir.

Si no quieres que te cuiden, busca quien te abandone,

que por siempre callaré… tú no eras para mí.

 

Si hoy crees que tu historia está rehecha,

o que mi vida ya se está por destruir.

Construye sobre arena y busca quien te hiera,

que erguido pensaré… tú no eras para mí.

 

Si pasado un tiempo, arrepentida te encuentras,

y yo con mis niños y mi mujer muy feliz.

Benditas habrán sido mis lágrimas,

y bendito el día que me dije que tú no eras para mí.

 

(20-05-2009)

Golondrinas

domingo, 15 de noviembre del 2009 a las 04:51

Golondrinas

(Crónica periodística)

    

Se avecina el periodo estival y una muchedumbre no insignificante de trabajadores temporarios arriba a nuestro suelo mendocino como un precepto establecido por la Madre Naturaleza. En su mayoría provenientes de las provincias norteñas de Jujuy, Salta, Santiago del Estero, y particularmente de Tucumán; como así también del hermano país de Bolivia. Se estima que son unos 350.000 los operarios que recorren la Argentina ofertando su mano de obra barata y sin muchas pretensiones, de los cuales 15.000 escogen nuestra tierra como destino fijo en su itinerante calendario de cosechas.

Ellos son los llamados trabajadores golondrina, en alusión a una simpática avecilla de hábitos migratorios y gregarios perteneciente al orden de los paseriformes, la Hirundo rustica, mejor conocida como la golondrina tijerita. Esta nómada especie anida en el Hemisferio Norte y al sobrevenir el invierno se desplaza en bandadas hasta alcanzar las latitudes más australes del continente americano para construir allí su refugio esporádico o restaurar el ocupado en épocas anteriores.

De igual modo a mediados de octubre para la zona sur y del Valle de Uco, y principios de febrero para la región vitivinícola; Mendoza se convierte en la anfitriona de los primeros forasteros que se adelantan al grueso del éxodo boreal. Todos llegan puntualmente cada año con la ilusión de escapar a la cruda realidad de la desocupación reinante en sus lugares de origen y encontrar aquí un respiro ante las demandas vitales más urgentes.

Ya su presencia es señal de buen augurio, especialmente para los patrones que deben culminar con el curso anual de las labores agropecuarias. Y así como la Hirundo rustica es esperada y considerada muy benefactora en los poblados que visita, el trabajador golondrina se ha convertido en un factor imprescindible para ciertos parajes que cuentan con grandes extensiones de cultivos, pero con escasa mano de obra local.

Sin embargo y a pesar de las legislaciones vigentes y de los derechos humanos en auge, estos contingentes que tanto bien le hacen a la economía doméstica de nuestra provincia, no disfrutan aún de una infraestructura apropiada a sus requerimientos más esenciales para la transitoria estadía, generalmente efectuada en compañía del grupo familiar: hacinamiento, trabajo en negro y sin cobertura social; alojamientos improvisados con carpas u otras estructuras precarias; falta de sanitarios y hasta de agua potable, suelen ser el aguinaldo más usual en agradecimiento por los servicios prestados. Y todo ello sin mencionar el condimento lacerante de la discriminación racial.

“Muy pocos son los que se arriesgan o tienen la posibilidad de fijar residencia”; comenta Miguel Ángel Díaz, un natural de la provincia de Tucumán que en 1978 y a la edad de 16 años vino ‘a probar suerte’ junto con sus padres y 5 hermanos. “Nosotros conseguimos contratos al poco tiempo de llegar a Montecaseros, gracias principalmente a la rectitud de nuestro padre”, reflexionaba el ahora sedentario vecino de la localidad viñatera.

Pero no todas las historias tienen un final feliz como éste, donde los hermanos Díaz pudieron constituir sus propios hogares y forjar un estilo de vida más estable. Desafortunadamente el desenlace final suele ser muy distinto para la inmensa mayoría, y no se avizoran cambios profundos a corto plazo.

Hasta tanto no existan gestos concretos de apertura, empatía y aceptación de la otredad, o que unos pocos continúen aprovechándose de la desgracia ajena; mientras la comunidad mendocina  siga desentendiéndose de la situación de un pueblo que no viene a pedirnos limosna, sino tan sólo trabajo honrado para hacer más llevadera la vida de sus seres queridos; una gran injustica pesa sobre nuestras cabezas.

Aquellas aves que cada año buscan el camino de su felicidad, escapando a la gélida verdad del presente que les toca afrontar, nos deberían recordar la condición peregrina del hombre sobre esta tierra. Que nada está dicho y que el futuro puede invertir los papeles, debiendo  salir nosotros de las seguridades a buscar un horizonte promisorio. Que la mano que hoy no dimos, sea la que mañana se nos cierre, por no haber reivindicado a tiempo la igualdad que todos merecemos, por el simple hecho de haber nacido.

Hoy, curiosamente, la Hirundo rustica no se encuentra amenazada de extinción, y parece ser que nunca lo estará. Pero muy lejos se hallan éstas golondrinas de evocarnos el idealismo con que pintó un Gustavo Adolfo Bécquer los versos más inspirados. Porque el próximo verano quedará inaugurado un nuevo ciclo de la Pachamama…y volverán las pacientes golondrinas en la puerta de los patrones a esperar, y otra vez, con la mano temblorosa suplicando llamarán; pero aquéllas que el hielo no soportaron de la codicia sin freno y de la impiedad… aquellas que no comprendieron la razón del desprecio y fueron pisoteadas en su  dignidad… esas… ¡No volverán!

  ("Golondrinas" es uno de los seis trabajos más votados por el jurado en certamen provincial realizado por la Municipalidad del dpto. de Junín, Mendoza.)

 

Un mundo sin Partidos Políticos

miércoles, 15 de julio del 2009 a las 21:43

La puja por el poder; el fácil acceso de los corruptos e ineptos a la función pública; la compra de votos; los cargos por acomodo; la intransigente oposición que pone palos en la rueda; la proliferación de listas; el fraude electoral; las promesas incumplidas; las alianzas y traiciones; la carente vocación de servicio y de ideas claras; las campañas millonarias; las caras de siempre; los pactos con empresas privadas... el Pueblo dice ¡BASTA! ASÍ, NO HAY INSTITUCIÓN (ni paciencia) QUE AGUANTE.

La Constitución Nacional, en su Art. 38, sostiene que los  partidos políticos son "instituciones fundamentales del sistema democrático". Y la Ley Orgánica de los Partidos Políticos  Nº 23.298, les asigna el carácter de "instrumentos necesarios para la formulación y realización de la política nacional". Pero más allá del rango que les confiere la Constitución vigente ¿Son verdaderamente imprescindibles los Partidos Políticos para la salud institucional del Estado? ¿Promueven efectivamente los valores de la Democracia, o más bien, atentan contra ella? ¿Tantos defectos en la práctica no manifiestan cierta inoperancia para el papel que desempeñan?

El pueblo cada dos años debe sufrir los embates de tan encarnizada y fratricida batalla. "Todos contra todos" parece ser la consigna para salvar a la Patria. Y para que una propuesta predomine sobre otra no es suficiente la persuasión por medio de la razón: aquí "todo vale" con tal de ganar. Tan deplorable situación de la política debe tener sus raíces lógicas, y se hace prioritario indagar las causas más profundas para la búsqueda del remedio a tan fulminante cáncer que nos aqueja.

Si arrancamos de la base de que los partidos políticos son precisamente eso "partidos", o sea, divisiones o sectores más o menos minoritarios que se disputan el poder. Ya podemos vislumbrar anticipadamente que tales entidades a la hora de la verdad no son coherentes con los principios que preconiza la democracia. Para que un gobierno sea auténticamente del pueblo debe reunir el máximo consenso entre sus habitantes, trascendiendo las barreras económicas, geográficas, ideológicas etc., que puedan fragmentar su soberanía o poner en riesgo la igualdad de derechos frente a la ley. Pero si un sector, sea el que fuere, logra apropiarse de la dirección prevaleciendo sobre los demás, siempre será una oligarquía, en sus distintas modalidades (plutocracia, timocracia, ideocracia, etc.) pero oligarquía en fin.

En la obra de mi autoría titulada "La Dilectocracia" trato de puntualizar los mayores defectos que el sistema democrático presenta en su desarrollo (no defectos como doctrina, sino falencias instrumentales del Estado al momento de querer encarnar sus principios) y me animo a aseverar que no existe mejor sistema político que éste, pero que aún se encuentra en estado de evolución, ya que no ha favorecido y asegurado hasta el día de hoy la promoción de las personas más idóneas a los cargos públicos.

La corrupción que tanto agobia a los países republicanos del orbe tiene una razón de ser y existir. Y no se puede aceptar la idea de minimizar o ignorar su grave incidencia en la planificación de un proyecto nacional. Descubrir la fuente de donde se origina, y contemplar  las distintas alternativas que pudieran favorecer el cambio, es el desafío difícil pero no imposible que debe protagonizar el mismo pueblo, si quiere verse libre de los ladrones de guante blanco y de los incompetentes disfrazados de congresales.

Mientras sigan existiendo los partidos políticos, jamás podrá hablarse de un país plenamente democrático, porque siempre habrá una minoría que prevalezca sobre el resto, con la designación "a dedo" de los candidatos, para que la plebe le quede la única opción de escoger "al menos malo" en las elecciones generales. 

Será entonces prioridad reconocer la naturaleza intrínseca de los partidos políticos, su real eficacia en la práctica, los riesgos y contradicciones que puedan presentar al momento de construir un Estado de Derecho sobre sus fundamentos tan inestables. En definitiva replantearse la posibilidad de que dichas instituciones no estén a la altura de la función que les concede un pretendido gobierno democrático. Y que una nueva estructuración del sistema político que auspicie una real unidad y un mayor consenso (con mecanismos electivos más eficientes) sobre basamentos sólidos, serios y perdurables es el requerimiento urgente que el ciudadano común y los pueblos le exigen a la organización política actual de las naciones del mundo.

"La Dilectocracia" tal vez sea la clave para un futuro no muy lejano.

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Rubén Osvaldo Rivarola - Mendoza - Argentina

En este espacio quiero compartir mis escritos y pensamientos con esa gente linda que todavía queda, que sigue creyendo en los sueños y apostando por un mundo mejor.

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